En alfalfa, es indispensable lograr una buena nodulación desde la implantación, pues las plántulas sin nódulos son débiles, amarillentas y compiten mal con las malezas.
Observamos en el gráfico, que en el primer año, una alfalfa bien nodulada produce aproximadamente el doble de pasto que la sin nodular y la diferencia es especialmente notoria en la primavera, donde el cultivo nodulado rinde más del triple que el sin nódulos. Esto muestra el impacto productivo y económico que produce una buena inoculación.