¿Conviene sembrar la pastura con protector?
Los cultivos protectores que se utilizan son en general verdeos de invierno sembrados con baja densidad como avena (14 kg/ha), centeno (10 kg/ha), etc. Pero aún con bajas densidades, estos cultivos provocan efectos negativos sobre la pastura, ya que al ser anuales se implantan más rápido que la pastura generando una fuerte competencia por agua, luz y nutrientes.
En general, se recurre al “protector” por los siguientes motivos:
- Proteger de las heladas a las plántulas de la pastura.
- Efectuarle competencia a las malezas.
- Obtener pasto lo antes posible.
“Sacarle un pastoreo más al lote”.

La experiencia indica que:
- Las pasturas sembradas temprano tienen el suficiente desarrollo para resistir las heladas.
- Al sembrar en fecha, la pastura tiene condiciones para un rápido crecimiento y a partir de los 60 días poder hacer un eficiente control de malezas.
- Si las condiciones climáticas son buenas, la pastura sembrada a fines de febrero se le puede hacer un pastoreo liviano a fines de mayo o principios de junio.
Cuando se entra a pastorear el cultivo “protector”, las plantas de la pastura están muy pequeñas, por lo que es daño que produce la pezuña del animal sobre éstas es enorme. El perjuicio ocasionado a la pastura es mayor que el pasto que se puede obtener del protector.
Al quedar la pastura con una menor cantidad de plantas se favorecerá la invasión de malezas, lo que afectara la cantidad y calidad del forraje y se comprometerá su duración.
El uso del cultivo “protector” es recomendable cuando hay que sembrar lotes con peligro de “voladura” (erosión eólica) o con mucha pendiente en donde hay probabilidad de “barrido” (erosión hídrica). En estas situaciones es más recomendable usar avena, centeno o trigos de ciclo corto que son pocos macolladores. No así la cebada, que por su crecimiento inicial rápido produce una gran competencia en el peor momento.