Riego en implantación
Durante el período de germinación de la semilla y el desarrollo de las plántulas, el suelo debe permanecer húmedo en superficie.
Como la semilla se siembra superficialmente (entre 1,5 a 2,5 cm), se la expone a condiciones extremas. Si las condiciones de humedad y temperatura son favorables, la semilla de alfalfa absorbe el agua requerida para la germinación dentro de los 4 a 8 días. Luego comienza el crecimiento de las plántulas, que por su falta de desarrollo no toleran el estrés hídrico. Para evitar mortandad de plántulas durante este período, deben tener humedad suficiente.
Si el suelo se seca, se detiene el desarrollo de las plántulas y puede ocurrir mortandad. Para evitar esto, la estrategia a utilizar es dar riegos rápidos, frecuentes y con poca cantidad de agua.
Los problemas más comunes que enfrentan los productores durante este período son:
- Si el suelo no está muy parejo, la distribución del agua no será uniforme y por lo tanto la germinación será despareja. Este problema se acentúa en sistemas de riego por inundación.
- El encostramiento de la capa superficial del suelo, que ocurre con mayor frecuencia en suelos más pesados y con riego por inundación. Los primeros riegos hay que darlos rápido, con poco agua para prevenir el encostramiento.
Durante los primeros riegos, es especialmente importante que el agua drene en las primeras horas, para evitar la acumulación y los posteriores problemas. Si hay exceso de humedad, aparecen las enfermedades y provocaran muerte de plántulas.
La frecuencia de los riegos dependerá del tipo de suelo y la humedad del mismo.
Cuando los riegos son muy largos causan encharcamiento y las plántulas no sobrevivirán.
En el momento de la siembra, conviene que la humedad este cerca de la superficie, para lo cual hay que hacer riegos previos.
Durante el establecimiento es necesario controlar con frecuencia la humedad del suelo, cuidando especialmente que las raicillas estén en contacto permanente con suelo húmedo. No es apropiado dejar que las plantas en sus primeros estadíos sufran la falta de humedad.
Lo más aconsejable es efectuar riegos cortos y frecuentes para mantener húmeda el área de exploración de las raíces y reponer solamente la humedad del suelo perdida por evaporación.
Las lluvias o los riegos de presiembra realizados para mojar el perfil del suelo favorecen el desarrollo y establecimiento del cultivo. Hay que llenar los primeros 15 a 20 cm del suelo, llevándolo hasta capacidad de campo, antes de finalizar la preparación de la cama de siembra. Luego hay que mantener la humedad en los primeros 2,5 cm, evitando el encostramiento y que el suelo no se seque demasiado.
Los riegos después de la siembra, a veces utilizados para promover la germinación y la emergencia, pueden causar el arrastre de la semilla y el encostramiento en algunos suelos. Con esta estrategia se corre el riesgo de perder plántulas o retrasar su crecimiento por falta de humedad.
Hay que mantener los cuidados hasta que las plantas tengan 3 ó 4 hojas trifoliadas y la raíz tenga 15 cm de profundidad.